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La novela hispanoamericana del siglo XX

Texto: © Carlos Navarrete Navarro

1- La novela hispanoamericana en las primeras décadas de siglo.

a)La prosa modernista.

Desde principios del siglo XX se advierte en la narrativa la fuerte huella de la estética modernista para, progresivamente, irse despegando de ella, rechazándose el cosmopolitanismo y buscándose una sencillez estilística mayor y de lo típico americano. Autores destacados de esta narrativa son Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga, que muestran claramente el paso del decadentismo cosmopolita del Modernismo a la búsqueda de lo criollo y de las fuerzas sobrenaturales de la Naturaleza. La salida del Modernismo da lugar a la Novela de la tierra.

b) La novela de la tierra.

El tema común de estas novelas suele ser el intento del hombre de dominar la todopoderosa naturaleza americana, que acaba normalmente con la derrota del hombre. Autores destacados de esta corriente son José Eustasio Rivera, (La vorágine ) Ricardo Güiraldes (Don Segundo Sombra ) y Rómulo Gallegos (Doña Bárbara, Canaima ).

c) La novela social.

      Las circunstancias históricas concretas por las que pasaron diversos países hispanoamericanos tuvieron su correlato literario en narraciones que abordaban como tema o como marco argumental dichos sucesos. El ejemplo más claro es la novela de la Revolución mexicana que se prolonga hasta los años 50 con la obra novelística de Juan Rulfo e incluso más tarde con novelas de Carlos Fuentes.

       Estas novelas de carácter testimonial tienen un estilo realista, sin retórica melodramática y con un lenguaje cercano al del reportaje periodístico. La novela iniciadora del género es Los de debajo de Mariano Azuela.

       Una problemática peculiar y única de este tipo de novela social es la atención a la problemática del indio  (novela indigenista) cuya iniciadora es Huasipungo de Jorge Icaza. En esta misma línea destacan Adalberto Ortiz (Juyungo ) y Alejo Carpentier (¡Ecué-Yumba-O! ).

2- La renovación de la novela hispanoamericana del medio siglo

        A partir de los años 40 la narrativa hispanoamericana se renueva y enriquece de forma inusitada. Se asimilan los procedimientos técnicos de los grandes novelistas europeos y se deja notar la influencia de las Vanguardias, sobre todo del Superrealismo. En cuanto al contenido, tres son las corrientes que aparecen en esta renovación:

a)      Narrativa metafísica. Englobamos con esta denominación a dos autores: Jorge Luis Borges y José Lezama Lima. El primero es impulsor de las vanguardias en Argentina y partícipe de la vanguardia ultraísta en España. No es autor de novelas, sino de relatos breves donde son constantes la presencia de mitos clásicos, uso de símbolos, gusto por las paradojas y los juegos intelectuales: Historia universal de la infamia, El Aleph, El informe de Brodie, El libro de arena. Esta concepción mágica e irracional del mundo supone la negación de la Historia, siempre pintada con un tono irónico. José Lezama Lima alcanzó gran notoriedad con la publicación de Paradiso, en donde con un lenguaje tremendamente barroco, expone de forma compleja y a veces hermética la vida de su protagonista. La continuación de esta obra es Oppiano Licario.

b)     Narrativa existencial. Las preocupaciones existenciales propias de la cultura occidental del siglo XX tienen una importante repercusión en la literatura hispanoamericana. Dos son los autores principales en este género: Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato. El primero tiene una concepción pesimista de la existencia que muestra con una depurada técnica en obras como El pozo, La vida breve, Los adioses, Juntacadáveres  o Cuando ya no importe. Sábato trata como temas centrales desde el impacto del pensamiento científico en la existencia del hombre contemporáneo, la preocupación por las injusticias sociales y la perspectiva posterior existencialista e influida por el psicoanálisis. Sus obras centrales son El túnel, Sobre héroes y tumbas y Ababdón el exterminador.

c)      Realismo mágico. Obtiene esta calificación aquellas novelas donde se rompe con el realismo tradicional, mediante la aparición de elementos míticos, legendarios, mágicos y fantásticos, pero con elementos verosímiles en el argumento. En estas novelas América se identifica con una realidad mágica, maravillosa frente a la agotada realidad europea. Son decisivos los mitos americanos en estas obras como parte de esa realidad. Sus principales representantes son: Miguel Ángel Asturias, claro ejemplo de convivencia de la América maravillosa, la denuncia social y las formas vanguardistas (Leyendas de Guatemala ). Escribe uno de los principales ejemplos de la novela de dictador, El Señor Presidente. Obras de denuncia social son Hombres de maíz y Triología bananera. Alejo Carpentier muestra su interés por las técnicas vanguardistas, los ritos primitivos populares y la intención social. (Los pasos perdidos, El siglo de las luces ) También trata la novela de dictador (El recurso del método ) y algunas novelas cortas y cuentos. Julio Cortázar hace un lúcido y más objetivo análisis de lo americano para alcanzar mayor proyección universal. Relata minuciosa y objetivamente lo fantástico y anómalo. La irracionalidad forma parte de lo cotidiano y la exploración de lo absurdo lleva al conocimiento de ciertos aspectos de la realidad. ( Bestiario, Todos los fuegos el fuego, Rayuela,  Libro de Manuel, Un tal Lucas ) Augusto Roa Bastos muestra el Paraguay y la cultura guaraní como bases para la meditación de tipo social, político, éstético y metafísico (Hijo del hombre). Trata también la novela de dictador (Yo, el Supremo ). Juan Rulfo es la culminación de la novela de la Revolución mexicana y una de las grandes figuras de la literatura hispanoamericana del siglo XX. En El llanto en llamas presenta un mundo cerrado, hostil, habitado por personajes agobiados por el sentimiento de culpa en un paisaje que es siempre el mismo. Trata pues el dolor, la soledad, la incomunicación…Pero su obra maestra es Pedro Páramo. En ella se muestra una ciudad, Comala, real y al mismo tiempo simbólica; es un lugar histórico donde reina la violencia y el despotismo de Pedro Páramo, un mundo de pesadillas, real e irreal al mismo tiempo y un purgatorio de culpas. En ella los personajes sólo tienen un posible final: la muerte y la destrucción.



3- La novela hispanoamericana desde 1960.

A mediados de los 60 comenzó el gran éxito editorial de la novela hispanoamericana.  Con obras de Cortázar, Alejo Carpentier o  Sábato ,entre otros, y sobre todo con la aparición de novelistas que asimilan perfectamente la novela universal que se ha producido durante el siglo XX como las de Kafka, Joyce o Proust. Tres son los grandes protagonistas de esta nueva novela:

Gabriel García Márquez. Comienza escribiendo relatos breves donde ya se advierten algunas características que definirán su obra posterior: gran capacidad narrativa, mezcla de lo real e imaginario, mitos clásicos o aspectos de su Colombia natal. La hojarasca ya se desarrolla en Macondo lugar imaginario en el que se da lo mítico y lo histórico. Otros relatos de este tipo son El Coronel no tiene quien le escriba o Los funerales de la Mamá Grande. Ambiente, personajes, temas y técnicas de estos primeros libros confluyen en su primera gran novela: Cien años de soledad. Ésta se desarrolla también en Macondo y plantea dos temas obsesivos: el tiempo y la soledad. También se muestra en esta obra una de las técnicas narrativas de este autor: la metamorfosis de un objeto común en algo extraordinario. Asunto central de la obra es el poder del lenguaje, reflejado en el capítulo donde los habitantes de Macondo sufren una extraña enfermedad que les hace olvidar los nombres de seres y objetos. Otras novelas importantes de García Márquez son El Otoño del Patriarca, novela ésta de dictador, Crónica de una muerte anunciada o El amor en los tiempos del cólera.

Carlos Fuentes. El tema central y reiterado de sus obras es la novela de Revolución mexicana. Claro ejemplo es La región más transparente. En 1962 publica La muerte de Artemio Cruz, que abre nuevos caminos temáticos y técnicos. Sus novelas posteriores tratan con técnica renovada la exploración crítica de la realidad y la búsqueda de explicaciones en los mitos americanos: La cabeza de la hidra, Cristóbal nonato, Los años con Laura Díaz

Mario Vargas Llosa. Su primera gran novela es La ciudad y los perros donde se satiriza el mundo cerrado y violento de una institución militar. Sus siguientes novelas, Los cachorros, Conversación en la Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, presentan como características la capacidad de fabulación, virtuosismo narrativo, abundantes elementos autobiográficos y un humor fino. A partir de La guerra del fin del mundo su novela toma un tono antirrevolucionario. También escribe novela de dictador: La fiesta del chivo.
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